La mayoría concordó en que su mayor anhelo es ver a sus descendientes convertidos en personas de bien, fundamentadas en principios éticos sólidos

Ser madre en Monagas es sinónimo de fuerza y de fe-. El equipo de El Oriental salió a las calles de Maturín para conversar con diversas madres sobre el significado de su labor en la sociedad actual. Durante el recorrido, las entrevistadas coincidieron en que el amor incondicional es el motor que impulsa cada uno de sus sacrificios diarios. Los testimonios reflejaron una profunda conexión emocional que une a las familias maturinesas en torno a la figura materna.
¨A los hijos hay que enseñarle valores y principios para que sean hombres y mujeres de bien teniendo en cuenta el amor ¨. Comentó Everlin Suarez, habitante de Boquerón
Para muchas de las consultadas, este sentimiento de afecto se ha extendido y renovado con la llegada de los nietos a sus vidas. Expresaron que la experiencia de ser abuelas les permite disfrutar de la ternura desde una perspectiva más serena, aunque manteniendo siempre la guía constante.
Sin embargo, las madres de la ciudad no ocultaron las dificultades que enfrentan en el contexto presente para cumplir con su misión. Manifestaron que criar en estos tiempos representa un reto mayúsculo debido a las nuevas corrientes de pensamiento y al libertinaje que perciben en el entorno social. Esta realidad las obliga a redoblar esfuerzos para proteger la integridad moral de sus hijos frente a los cambios culturales actuales.
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En medio de las entrevistas, surgió el debate sobre la esencia de la maternidad y las nuevas olas de pensamiento. Una de las madres destacó que, a pesar de las tendencias que intentan redefinir el rol femenino, la maternidad es una naturaleza intrínseca que no debe ser negada. Para ella, la responsabilidad de dar vida y formar ciudadanos es una tarea que requiere un compromiso total y una conciencia clara de su importancia.
Un punto resaltante en el recorrido fue la historia de mujeres que han sacado adelante a sus familias completamente solas. Estos relatos evidencian el temple de la madre venezolana, capaz de dedicarse exclusivamente al bienestar de sus hijos sin importar las carencias. Esta entrega absoluta demuestra que, en cualquier ámbito, la madre es un pilar de resiliencia que sostiene la estructura emocional y económica del hogar con determinación.
La jornada en Maturín concluyó con un llamado a la unidad y a la preservación de los valores familiares como base de la sociedad. Las madres insistieron en que, más allá de los desafíos económicos o sociales, la formación de ciudadanos responsables es la mejor inversión para el futuro del país. Para ellas, el mayor mensaje es que el amor y la fe son las herramientas necesarias para guiar a las nuevas generaciones por el buen camino.

