Takaichi se ha comprometido públicamente a aumentar el número de mujeres en su gobierno hasta alcanzar “niveles nórdicos”

Sanae Takaichi, autoproclamada ‘dama de hierro’ se convierte en la primera ministra de Japón-. Por primera vez hay una mujer al frente del gobierno de Japón y cabe preguntarse cómo incidirá este hito en las japonesas. El New York Times se plantea esta misma pregunta sin muchas esperanzas, ya que las posturas ultraconservadoras de Sanae Takaichi, la nueva primera ministra del país, bien conocidas desde hace tiempo.
Pero es indudable que ha obtenido apoyos suficientes como para dejar su impronta al frente de la política japonesa: 237 escaños del total de 465 de la Shūgiin, la cámara baja. Es decir, cuatro votos más de los que necesitaba. Se esperaba este resultado tras haber firmado una coalición con Ishin, el Partido de la Innovación de Japón, en la víspera de su nombramiento.
El suyo es el Partido Liberal Democrático, que gobierna Japón casi ininterrumpidamente desde 1955. El mismo partido conservador que hace unas semanas perdió la mayoría en la Cámara de Representantes y la cámara de consejeros después de que el partido Komeito, su tradicional socio menor, rompiese su alianza con él después de 25 años.
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A sus 64 años, Sanae Takaichi quedó nombrada, sustituyendo al anterior primer ministro, Shigeru Ishiba, que ha ocupado el cargo durante poco más de un año. Además de ocupar diversos cargos en el gobierno, siendo ministra de tres carteras diferentes, Takaichi había sido candidata a la dirección del partido en dos ocasiones, la primera en 2021 y la última en 2024. Se licenció en Administración de Empresas en 1983 y entre 1987 y 1989 trabajó para la diputada demócrata Patricia Schroeder, en Estados Unidos, por lo que volvió a Japón convertida en una experta en análisis legislativo, incorporando la perspectiva estadounidense.
Takaichi es una firme defensora de priorizar el trabajo por encima de todo lo demás y ha afirmado en numerosas ocasiones que Margaret Thatcher es su modelo a seguir, hasta el punto de haber afirmado que “mi objetivo es ser la dama de hierro” en los debates previos a su nombramiento. Incluso su estética, con una sobria chaqueta azul acompañada de un collar de perlas, nos remite a la influyente política conservadora británica.
Está en contra de que las mujeres mantengan su apellido al casarse (en Japón se impone el uso de uno de los apellidos, que casi siempre es el del hombre, tras contraer matrimonio). También se opone al matrimonio igualitario y es una firma defensora de preservar el linaje masculino de la familia imperial japonesa en detrimento de las mujeres de la casa imperial, pese a la crisis de sucesión en la que se encuentra sumida.
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Además, forma parte de la organización ultranacionalista japonesa Nippon Kaigi o Conferencia de Japón, que según el politólogo Cas Mudde “centra sus esfuerzos en la revisión constitucional y el revisionismo histórico, pues pretende restituir Japón a la categoría de gran potencia militar y restablecer el honor del país (y del emperador) ‘cambiando la conciencia nacional de posguerra”, negando, pues, los crímenes del ejército imperial japonés y oponiéndose a cualquier muestra de arrepentimiento al respecto.
Cuando saltó la polémica, Takaichi ostentaba el cargo de ministra de Interior y uno de sus empleados sostuvo que fue un error y que desconocían la identidad de Yamada cuando ella aceptó ser retratada junto a él. Suele visitar cada año el Santuario Yasukuni, conocido símbolo del militarismo japonés y epicentro simbólico de su nacionalismo, percibido en China y Corea del Sur como un emblema de los excesos de la era imperial japonesa.
Takaichi se ha comprometido públicamente a aumentar el número de mujeres en su gobierno hasta alcanzar “niveles nórdicos”, pero ha rechazado repetidamente la idea de las cuotas que algunos activistas de la igualdad de género consideran necesarias para comenzar a solventar las profundas desigualdades en los ámbitos político y empresarial, sosteniendo que intentaría evitar nombrar a mujeres “por el mero hecho de ser mujeres”.
Por otra parte, sí que ha expresado su apoyo hacia la idea de ampliar el acceso a la atención sanitaria de las mujeres, llegando a pronunciarse abiertamente sobre su experiencia con la menopausia y afirmando que Japón debería hacer más por las mujeres menopáusicas.
EO/// Con información de: Vanity Fair
