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Rescatar la dignidad de los desamparados es un deber colectivo

Superar la exclusión de los desamparados es una tarea ética urgente para construir un entorno solidario
Rescatar la dignidad de los desamparados es un deber colectivo

Rescatar la dignidad de los desamparados es un deber colectivo-. Recorrer las ciudades actuales expone a los peatones a una realidad tan obvia como ignorada por la mayoría. Los ciudadanos sin hogar se han vuelto seres humanos invisibles para una colectividad que suele notar su presencia únicamente cuando causan alguna molestia. S les olvida que bajo estas personas late la misma humanidad de cualquiera, con historias, sentimientos y quiebres familiares que mañana podrían tocar la puerta de cualquier hogar.

Ese entorno alberga un doloroso mosaico donde coinciden niños desamparados, personas con adicciones y pacientes con trastornos mentales severos. Son hombres y mujeres con la mente o corazón roto que caminan a diario usando una coraza invisible fabricada con ira, desidia o locura para poder sobrevivir al abandono. Aunque cada individuo llegó allí por motivos diferentes, todos comparten un destino lleno de absoluta desesperanza en las aceras.

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Frente a este escenario, la respuesta común es el rechazo, desnudando una falta de amor al prójimo. Muchas personas profesan discursos religiosos desde la comodidad de sus vidas, pero ignoran la regla fundamental de amar a los demás como a uno mismo. La verdadera compasión no consiste en sentir lástima por unos minutos, sino en valorar al desvalido con el respeto que merece.

Atender este conflicto requiere de un compromiso social profundo por parte de todos los sectores de la población. No funciona únicamente aplicar soluciones temporales que calman el hambre de una tarde sin solventar el futuro de estas personas.

La espiritualidad genuina se demuestra en el servicio y en la capacidad de tender una mano a quienes fueron desechados. Como enseña la sabiduría bíblica, la fe sin obras está muerta, siendo solo un concepto inútil si no se traduce en acciones concretas. Una comunidad no mide su éxito en la modernidad de sus avenidas, sino en cómo cuida a sus habitantes más frágiles.