Si quieres puedes lograrlo: borrar lo malo y agregar lo mejor

Nunca es tarde para renovar tu lienzo -. A diferencia de los niños, los adultos no somos un lienzo en blanco donde todo lo que se observa, escucha y aprende queda grabado. Ya de adultos tenemos costumbres y pensamientos muy arraigados. Este hecho no implica que esta forma de ver y vivir la vida, que ya hemos asumido, sea la correcta o la mejor para nosotros y los nuestros.
Desde pequeños fuimos pintando nuestro lienzo agregando colores y matices, sin quitar nunca aquello que sobraba; por el contrario, incorporábamos unos sobre otros, apelmazando todo ese material para obtener un resultado que poco iba a variar después de haber alcanzado la edad adulta.
Al finalizar, algunos obtenían una obra en tonos pasteles, otros vibraban en colores llamativos y muchos quedaban en grises y negros. Así, cada quien pintaba su mundo con aquellos colores que la vida le proporcionaba.
Sin embargo, algunos adultos decidieron en algún momento que el cambio era necesario; que ya no podían escudarse en un «yo soy así», que el mundo no tiene por qué amoldarse a ellos y que su forma de ser o pensar dañaba a otros o a sí mismos. Entendieron que no eran felices o que no podían brindar felicidad.
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Es aquí donde entra la introspección, el primer paso para el cambio: el análisis de nuestro propio ser, del porqué de nuestras actitudes, pensamientos, sentimientos y comportamientos, acompañado de objetividad y honestidad brutal. En este contexto, le seguiría el reconocimiento de las faltas, de los errores y de lo equívoco de nuestras maneras; no con la culpa que pretendemos arropar con palabras, sino con deseos sinceros de mejorar con acciones.
Con los años, agregar colores a un lienzo saturado es solo crear una mancha, y no es eso lo que queremos. Queremos embellecer nuestra obra, dejar armonía, equilibrio y paz. Por ende, es necesario arrancar todo ese óleo que hemos apelmazado durante tanto tiempo.
Debemos dejar la obra en blanco y empezar a colocar lo nuevo: desaprender conductas, olvidar lo malo, perdonar y avanzar. No hay que temer; nunca es tarde para cambiar, para aprender lo bueno, para asumir mejores actitudes y para abrir nuestra mente a nueva información, nuevas ideas y creencias.
En algunas ocasiones es necesario hacerlo: ajustar nuestra brújula moral, asumir responsabilidad total de nuestras acciones, desprender conductas automáticas y sustituirlas por decisiones éticas premeditadas.
EO// Redacción: Lennys Fernández
