La misión, denominada Artemis II, está programada para despegar en febrero. Marcará la primera vez que astronautas se aventuren más allá de los límites de la órbita terrestre baja desde la última misión Apolo en 1972

NASA estaría a semanas de un viaje tripulado a la Luna-. La aspiración de devolver astronautas estadounidenses a la Luna ha estado en limbo durante décadas, debido a que los planes han sido adoptados y rechazados de una administración presidencial a otra. Sin embargo, en 2026, ese objetivo cobrará un enfoque más claro.
El programa Artemis de la NASA —una iniciativa anunciada en 2017 no solo para regresar astronautas a la Luna, sino también para eventualmente establecer una base lunar permanente— finalmente está a punto de lanzar su primer vuelo tripulado.
Artemis II enviará a un grupo de cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch de la NASA, así como Jeremy Hansen de la Agencia Espacial Canadiense— en un viaje alrededor de la Luna.
La NASA anunció el lunes en el Centro Espacial Johnson de Houston la nueva promoción de candidatos a astronautas.
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Pero regresar al espacio profundo después de una pausa de más de cinco décadas no está exento de desafíos. Aunque la NASA se apoya fuertemente en los aprendizajes del programa Apolo, las misiones Artemis perseguirán objetivos mucho más complejos utilizando algunas tecnologías nuevas.
La tripulación no llevará a cabo una repetición exacta de ninguno de los vuelos Apolo. En cambio, Artemis II busca probar y verificar los diversos sistemas y componentes de la nave espacial de la tripulación, llamada Orion. Circunnavegará la Luna en una trayectoria de tirachinas diseñada para traer a los astronautas de regreso a la Tierra, incluso si algo sale mal y el sistema de propulsión de la cápsula falla.
A diferencia de las misiones Apolo que entraron en una órbita lunar baja, Artemis II utilizará una trayectoria de vuelo mejor adaptada al diseño y la masa de Orion. La nave realizará un gran bucle alrededor de la Luna, en lugar de volar en círculos cerrados cerca de la superficie.
Y aunque los miembros de la tripulación no intentarán un alunizaje, su trayectoria ofrecerá una vista única de nuestro vecino celeste más cercano.
“Podríamos ver partes de la Luna sobre las que nunca se han posado ojos humanos”, dijo Koch durante una conferencia de prensa en septiembre. “Y hemos estado aprendiendo cómo convertir esas observaciones en ciencia tangible”.
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Como ocurre con cualquier misión que se aventura más allá de la órbita terrestre baja, partes del viaje serán agonizantemente solitarias.
“Durante los 45 minutos en que estemos más cerca de la superficie lunar, también estaremos fuera de contacto —tendremos una LOS, en términos de la NASA, una pérdida de señal”, comentó Glover en septiembre. “Me encantaría que el mundo entero —esas 8.000 millones de personas… pudieran unirse y simplemente esperar y rezar para que recuperemos la señal”.
Después de maniobrar hacia la trayectoria correcta, Orion se separará del motor superior del cohete SLS y comenzará a volar libremente. Durante varios días, Orion atravesará el vacío de 385.400 kilómetros entre la Tierra y la luna.
A tales distancias, los astronautas enfrentarán un entorno de radiación mucho más severo que la gran mayoría de los viajeros espaciales.
Los astronautas que pasan tiempo en la Estación Espacial Internacional, que orbita apenas a unos cientos de kilómetros sobre la Tierra, aún están “dentro del manto protector que ayuda a protegernos de parte de ese clima espacial” que inunda gran parte de nuestro sistema solar con radiación, indicó Jacob Bleacher, científico principal de exploración dentro de la Dirección de Misiones de Desarrollo de Sistemas de Exploración de la NASA, en septiembre.
“Hemos aprendido mucho de los astronautas que viajaron a la Luna anteriormente. Pero, aunque estudiamos la Luna, estudiamos nuestros sistemas; no necesariamente nos estudiamos a nosotros mismos como podemos hacerlo hoy en día”, dijo.
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Los astronautas de Artemis II estarán lejos de ser pasajeros pasivos durante su travesía de 10 días.
A bordo, junto con los cuatro miembros de la tripulación, habrá una serie de herramientas que pueden usarse para evaluar su cognición, sueño, estrés, respuestas inmunológicas y salud cardiovascular.
También se llevarán pequeños chips con tejido de órganos humanos que recopilarán datos sobre cómo los cuerpos de los astronautas podrían responder al entorno del espacio profundo.
Finalmente, un conjunto de iniciativas científicas lunares que pueden utilizarse incluso sin aterrizar en la superficie de la Luna buscará mejorar la comprensión de la NASA sobre el terreno rocoso y riesgoso.
“Mientras Orion pase por el lado lejano de la Luna —el lado que siempre está orientado en sentido opuesto a la Tierra—, la tripulación analizará y fotografiará características geológicas en la superficie, como cráteres de impacto y antiguos flujos de lava, basándose en su amplia formación en geología tanto en el aula como en lugares de la Tierra similares a la Luna”, dijo la agencia espacial en un comunicado. “Este tipo de información revela la historia geológica de una zona y será fundamental recopilarla cuando los astronautas de Artemis III exploren la superficie”.
EO// Con información de: Globovisión
Periodista: Roynel Rojas
