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Las consecuencias sociales y personales de quienes viven del robo

Cuando decides tomar lo que no es tuyo, no solo te llevas un celular, una cartera o un dinero; te llevas el sacrificio de alguien más
Las consecuencias sociales y personales de quienes viven del robo

Las consecuencias sociales y personales de quienes viven del robo-. En las calles de nuestras ciudades, se ha vuelto común escuchar el término «dueños de lo ajeno» para describir a quienes, mediante el hurto o el asalto, se apropian de los bienes de los demás. Sin embargo, detrás de cada objeto sustraído, ya sea un teléfono, una herramienta de trabajo o los ahorros de un mes, se esconde una realidad humana que las estadísticas no muestran: la destrucción de la estabilidad emocional y económica de las víctimas. Cuando decides tomar lo que no es tuyo, no solo te llevas un celular, una cartera o un dinero; te llevas el sacrificio de alguien más.

Imagina por un segundo a la persona que tienes enfrente. Quizás ese dinero que hoy le quitas era para la medicina de un hijo enfermo, el pago del alquiler para no quedar en la calle, o el fruto de meses de trabajo bajo el sol. Al robar, no solo tomas algo material, destruyes la paz de un hogar.

La Biblia nos recuerda en Efesios 4:28: «El que robaba, no robe más, sino trabaje, haciendo con sus propias manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que tiene necesidad». Este versículo no es un regaño, es una invitación a la dignidad. El trabajo nos devuelve el orgullo de decir: «esto me lo gané yo», y nos permite ser de ayuda, no una carga ni un dolor para el prójimo.

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Podrás tener el bolsillo lleno por un momento, pero ¿cómo está tu alma? El robo es una cadena invisible que te ata al miedo, a la desconfianza y a la soledad. Te convierte en alguien que tiene que esconderse de la luz.

Recuerda lo que dice Proverbios 10:2: «Los tesoros de maldad no serán de provecho; mas la justicia libra de muerte». Lo que obtienes por el camino fácil se esfuma rápido, pero el daño que le haces a tu propio nombre y a tu espíritu puede durar toda la vida. Estás cambiando tu integridad, que es tu tesoro más valioso, por algo que tarde o temprano se acabará.

Dios no mira tu pasado para condenarte, sino para ofrecerte un nuevo comienzo. No importa cuántas veces hayas fallado, hoy puedes decidir detenerte. No permitas que el error de hoy destruya tu futuro y el de tu familia.

EO/// Redacción de: Heidi Campos