La melodía que conocemos fue entonces asociada por Schubert a uno de los pasajes del Canto III de dicho poema en el que la protagonista, Ellen Douglas, reza una plegaria a la Virgen María pidiendo protección

La verdadera historia del «Ave Maria»-. Esta obra de la música clásica fue finalizada por el compositor austriaco Franz Schubert en 1825. Sin embargo, no fue compuesta con un fin litúrgico, sino que curiosamente se trató de una parte de su Ciclo de Canciones de La Dama del Lago basado en el poema épico The Lady of the Lake (1810) del escritor escocés Sir Walter Scott.
La melodía que conocemos fue entonces asociada por Schubert a uno de los pasajes del Canto III de dicho poema en el que la protagonista, Ellen Douglas, reza una plegaria a la Virgen María pidiendo protección:
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«¡Ave María! Dulce Virgen,
escucha el ruego de una doncella,
desde esta roca inmóvil y silvestre
mi oración se eleva hasta ti.
Dormiremos seguros hasta la mañana
aunque los hombres sean crueles.
¡Oh, Virgen, cuida a esta doncella!
¡oh, Madre, oye a una hija que suplica!
¡Ave Maria!»
La belleza de su melodía y fuerte carga emotiva hizo que, con el paso del tiempo, fuera adaptada al rezo propio del Ave María, aunque aún no se conoce quién lo hizo por primera vez en latín con este fin litúrgico, ni cuándo.
Es este un claro ejemplo de como el arte pertenece a toda la humanidad. El arte es eterno y, a la vez, cambiante, pues unos artistas inspiran a otros y estos a su vez copian recursos, los transforman, los dotan de personalidad y hacen de lo mismo algo diferente.
EO/// Con información de: Cosas de San
