Muchos hombres deben mantenerse en pie para sostener a los suyos, ocultando que ellos también lloran y sufren en silencio

La sociedad castiga la fragilidad masculina según investigadores-. En la actualidad, hemos construido un estándar contradictorio sobre la masculinidad que asfixia al hombre. Se le exige ser un «macho» proveedor y protector, un roble que no se quiebra; pero, al mismo tiempo, se le señala por esa misma rigidez.
La Dra. Brené Brown, investigadora de la Universidad de Houston, explicó: «Para los hombres, la vergüenza es una sola cosa: ser percibido como débil. La sociedad les pide que sean vulnerables ‘solo un poco’, pero cuando lo hacen de verdad, muchas veces las personas en su vida los miran con miedo o decepción. Eso es una traición social al hombre que intenta ser auténtico».
Brown explica que, mientras para las mujeres la vergüenza suele estar ligada a expectativas contradictorias de perfección, para los hombres se reduce a una regla de oro: «No seas débil».
También existen aquellos que critican la conducta masculina y olvidan que a la mayoría de esos hombres los crió una mujer. En el hogar se replican patrones que luego se condenan en la plaza pública. Es contradictorio exigir un cambio cuando, al criar a los hijos, se les siguen imponiendo las mismas cadenas de «el hombre no llora».
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Es irónico cómo se juzga al hombre en cada etapa de su vida emocional. Si se enamora de una mujer mayor, es un «sinvergüenza»; si lo hace de alguien menor, es «inmoral». Incluso en el amor, muchos deben alejarse de la mujer que aman porque no pueden costear el estilo de vida que ella espera, o terminan relegados a la friendzone por ser, precisamente, hombres buenos. Se les pide vulnerabilidad, pero se les castiga con el desprecio cuando la muestran.
Debemos diferenciar la igualdad de condiciones de la igualdad de género. Biológica, fisiológica y psicológicamente, hombres y mujeres somos distintos, y negar esas diferencias es negar la realidad. La verdadera equidad no se logra pasando por encima, sino reconociendo que ambos géneros son complementarios y merecen el mismo respeto.
El hombre también necesita un respiro. Son seres humanos que ríen, se cansan y se rompen. Es necesario que la sociedad cese los ataques constantes y entienda que el respeto debe ser mutuo. Si queremos una sociedad sana, debemos permitir que el hombre sea auténtico sin el miedo constante al juicio social.
Es hora de entender que la lucha por los derechos no debe ser una competencia de poder. La masculinidad debe llevarse con dignidad, libertad emocional y sobre todo, con la empatía de quienes comparten este camino llamado vida.
