Significa entender que el espacio del otro es tan sagrado como el propio. Significa moderar el tono de voz, cuidar el volumen de lo que escuchamos y entender que el cansancio del trabajador que va a nuestro lado es tan real y respetable como el nuestro

La calle como el espejo de nuestra humanidad.-La calle no es un simple espacio de tránsito o un pedazo de asfalto gris que pisamos para ir del punto A al punto B. La calle es, en realidad, el escenario vivo donde se pone a prueba la salud moral de una sociedad buena o mala. Es el único lugar donde todos somos iguales, despojados de los títulos y las comodidades del hogar donde ser comparte un mismo espacio y un mismo tiempo. Por eso, la forma como nos comportamos en la calle o en el transporte público y ante los ojos de los más vulnerables no es un asunto de simple «educación»; es el reflejo exacto de quiénes somos como seres humanos y como fuimos criados en nuestro hogar y de la manera como somos en realidad y el corazón que tenemos.
Cuando nos subimos a un autobús o algún medio de transporte a menudo lo hacemos envueltos en nuestras propias preocupaciones, blindados por audífonos y con la mirada clavada en una pantalla. Nos olvidamos del asiento no nos pertenece, sino que los compartimos. Ser un buen ciudadano en el transporte público va mucho más allá de ceder el asiento a una mujer embarazada o a un anciano que lo necesite, lo cual debería ser un acto reflejo de ser amable, no una opción.
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Significa entender que el espacio del otro es tan sagrado como el propio. Significa moderar el tono de voz, cuidar el volumen de lo que escuchamos y entender que el cansancio del trabajador que va a nuestro lado es tan real y respetable como el nuestro.
Sin embargo, el verdadero examen de nuestra civilidad y empatía no ocurre cuando interactuamos con quienes son como nosotros, sino cuando nos cruzamos con aquellos a quienes la sociedad ha vuelto invisibles: las personas en situación de calle. donde debemos saber que ellos también merecen un gran respeto al igual que nosotros ellos merecen una mano que los tome y le brinde una ayuda de sincera
Cruzar la mirada con alguien que duerme en una acera o que pide ayuda en un semáforo suele incomodar muy a menudo la respuesta automática es desviar la vista, acelerar el paso o asumir una postura de juicio implícito. Pero la ciudadanía verdadera la que nace del corazón y no de un manual nos exige recordar que la indigencia no es una elección, sino el síntoma de un sistema fracturado y de historias personales rotas. que no tuvieron o no supieron como manejar su situación no por eso tienen que recibir un maltrato
Ser un buen ciudadano con las personas en situación de calle no requiere que resolvamos sus vidas en un segundo, pero sí nos exige devolverles la dignidad que la indiferencia les quitan a diario. Un saludo respetuoso, un «buenos días» mirándolos a los ojos, una palabra amable o un gesto de apoyo no son actos de caridad condescendiente; son actos de reconocimiento mutuo. Es decirle al otro: «Te veo, sé que estás ahí y sé que eres un ser humano igual que yo». La pobreza material es dolorosa, pero la pobreza de espíritual de una sociedad que pasa de largo sin mirar es mucho peor.
Vivimos en un mundo que a menudo premia la prisa y el individualismo, donde parece que el que empuja más fuerte llega primero. Pero una ciudad no es más avanzada por tener los edificios más altos o el transporte más rápido, sino por la forma en que sus habitantes se cuidan unos a otros en el espacio común.
Cada vez que respetamos el paso de un peatón, cada vez que bajamos la velocidad para ceder el paso, cada vez que contenemos un grito de frustración en el tráfico o que tratamos con dignidad a quien limpia la acera o duerme en ella, estamos construyendo paz. La calle es de todos. Cuidarla, humanizarla y hacerla transitable, no solo para los cuerpos, sino para las almas, es la responsabilidad más noble que tenemos como ciudadanos. Al final del día, la empatía que sembramos en el asfalto es la que tarde o temprano cosecharemos como sociedad y como persona
Tenemos que tomar una pequeña reflexión de como tratamos a las personas eso es lo que habla por uno mismo y de como somos por dentro.
EO// Pasante María Villanueva
