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Entre telas y devoción Monagas se prepara para vestir a El Nazareno

Más allá de los gastos en tela y costura, el Nazareno sigue siendo el símbolo de la esperanza de un pueblo que camina unido frente a las adversidades de la vida
Entre telas y devoción Monagas se prepara para vestir al Nazareno

Entre telas y devoción Monagas se prepara para vestir a El Nazareno-. En el marco de la conmemoración del Miércoles Santo, La comunidad católica se detiene para rendir tributo a su devoción más profunda: el Nazareno. Desde la Catedral de Maturín y el resto de las parroquias, la fe se manifiesta en una marea de túnicas moradas. Esta vestimenta simboliza la burla que sufrió Jesús durante su condena, adoptada por los fieles como signo de humildad y unión con su sufrimiento.

Para cumplir sus promesas, los devotos optan por materiales como el terciopelo, satén o algodón. Sin embargo, vendedoras de reconocidas tiendas de la ciudad aseguran que la tela con más salida para la elaboración de estos trajes es el Raso Japón, a un precio de $1.50 el metro. Este textil satinado es el favorito por su brillo y ligereza frente al intenso calor característico de la región durante la Semana Mayor.

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La elaboración de las túnicas por parte de las costureras locales varía según la complejidad y el material, con mano de obra que oscila entre los $15. Un traje para bebés o tallas pequeñas puede costar desde $5, mientras que las versiones infantiles y para adultos rondan entre los 7 y 25 dólares. El presupuesto final depende directamente de los materiales utilizados, y las exigencias de la costurera.

Mención especial merece el municipio Bolívar, donde la Semana Santa en Caripito se erige como pilar de nuestra historia. Sus «Nazarenos» y cuadros vivos, Patrimonio Cultural de la Nación, requieren una inversión mayor en orquídeas y flores naturales para sus andas. Estos arreglos, junto a los materiales de mercería, son costeados con esfuerzo por la propia comunidad y los promeseros que, a menudo descalzos, acompañan la imagen en señal de gratitud.

El acompañamiento de las familias en cada parroquia asegura que esta llama de fe se mantenga viva en las nuevas generaciones. Monagas reafirma así su compromiso con la preservación de sus costumbres religiosas, sorteando los retos económicos actuales. Más allá de los gastos en tela y costura, el Nazareno sigue siendo el símbolo de la esperanza de un pueblo que camina unido frente a las adversidades de la vida.