Aprender a cocinar es, en esencia, aprender a administrar el calor. Muchos principiantes cometen el error de lanzar todos los vegetales al mismo tiempo a la sartén

El orden de los alimentos en la sartén define el éxito de tu comida-. Dominar el arte de la cocina no siempre requiere de técnicas vanguardistas o ingredientes exóticos. A menudo, la diferencia entre un plato mediocre y una experiencia gastronómica digna de restaurante reside en un detalle que muchos aficionados pasan por alto: la gestión del tiempo y la temperatura.
Entender cómo interactúan los alimentos con el calor permite que cada ingrediente brille sin opacar a los demás, transformando la cocina casera en un proceso mucho más consciente y profesional.
Aprender a cocinar es, en esencia, aprender a administrar el calor. Muchos principiantes cometen el error de lanzar todos los vegetales al mismo tiempo a la sartén, lo que resulta en una mezcla donde algunos elementos quedan crudos y otros excesivamente cocidos.
La regla de oro es simple: los ingredientes más resistentes van primero. Vegetales de estructura firme, como la zanahoria o el apio, poseen fibras que necesitan varios minutos de contacto con la grasa caliente para suavizarse y liberar sus azúcares naturales.
Por el contrario, elementos como el ajo son extremadamente vulnerables. Debido a su bajo contenido de agua y su corte fino, el ajo puede pasar de estar aromático a estar quemado y amargo en menos de un minuto. Por ello, la recomendación técnica es incorporarlo siempre cuando el resto de los vegetales ya han perdido su rigidez.
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Otro factor determinante es la evaporación. La cebolla, por ejemplo, suelta una gran cantidad de líquido al inicio. Cocinarla primero permite que ese vapor se libere adecuadamente, facilitando que los sabores se concentren antes de añadir especias o hierbas delicadas.
En el caso de las especias secas, un breve contacto con el aceite caliente potencia sus aceites esenciales, pero si se dejan demasiado tiempo sin un medio líquido, terminan por quemarse y perder su frescura.
Finalmente, el toque maestro ocurre al apagar el fuego. Las hierbas frescas, como la albahaca o el cilantro, poseen aceites volátiles que desaparecen con el calor prolongado. Añadirlas como paso final garantiza un color vibrante y un aroma que llega intacto a la mesa.
EO/// Con información de: 2001
