En el mundo de hoy parece que lo más importante es cómo cada uno se siente y se percibe hasta el punto de que la verdad se ha vuelto algo individual

La objetividad es necesaria para una identidad saludable-. Aunque el libre albedrío es un derecho sagrado que nos permite elegir nuestro camino la sociedad actual corre el riesgo de olvidar que existen hechos reales que no cambian solo porque nosotros lo queramos.
Desde una visión que valora las bases tradicionales se observa con cuidado cómo las bases que nos sostienen se vuelven borrosas. No se trata de obligar a nadie a vivir de una forma específica pues cada quien es dueño de sus actos.
A veces bajo la idea de una libertad total aparece un libertinaje moderno que confunde el ser diferente con el rechazo a lo que es evidente. La realidad objetiva no es una cadena que nos detiene sino el suelo firme que nos permite caminar y hablar con los demás ya que si cada quien tiene su propia verdad se pierde la capacidad de entendernos.
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Incluso cuando alguien decide no seguir todas las reglas de la sociedad, esto no significa que deba romper con la realidad. Se puede ser una persona original y creativa sin necesidad de negar que existen responsabilidades como seres sociales que son reales y que no dependen de nuestros sentimientos.
Uno de los problemas actuales es que a veces se señala o se aparta a quien se atreve a decir lo que es obvio y hoy defender un punto medio parece algo extraño. Pero la verdadera madurez está en entender que nuestra identidad se hace más fuerte cuando aceptamos el mundo tal como es y no cuando intentamos que todo el entorno gire alrededor de lo que nosotros pensamos.
La libertad que respeta la realidad evita que la vida se vuelva un caos desordenado protegiendo así a los más jóvenes y a los más débiles de una confusión que hoy parece estar en todas partes.
Hace falta recuperar el respeto por los hechos reales sin que nadie tenga que renunciar a su forma de ser. La autopercepción debería ser como un espejo que nos ayude a conocernos de verdad y no como una mascara que tape la realidad de las cosas bajo una moda que a veces nos hace olvidar de dónde venimos y quiénes somos.
EO// Redacción: Lennys Fernández
