Conmemorando ese sentimiento tan especial, brindemos por el amor imposible

El día de lo que no pudo ser-. Hoy, 16 de febrero, mientras el rastro de las celebraciones románticas comienza a desvanecerse, surge un espacio para la melancolía con la conmemoración de los amores imposibles. Esta fecha se ha instalado en el colectivo como el momento para recordar aquello que no se concretó, pero que dejó una huella imborrable en el alma.
Un amor imposible no es necesariamente un fracaso; a menudo es una construcción idealizada que nos ayuda a darle color a la rutina. Nos enamoramos de lo inalcanzable porque, en la perfección de la distancia, no hay platos sucios, discusiones por dinero ni el desgaste inevitable del paso del tiempo. En ese espacio suspendido, la persona amada permanece intacta, como una obra de arte en un museo que podemos admirar infinitamente, pero nunca tocar.
La literatura y el cine han vivido de estas historias, alimentando nuestra fascinación por lo no resuelto y lo prohibido. No es de extrañar que busquemos consuelo en figuras que representan este sentimiento agridulce que la mayoría ha probado alguna vez. Sin embargo, existe una línea muy delgada entre la inspiración poética y aquello que nos impide avanzar. Vivir anclado a un imposible puede convertirse en un refugio para evitar los riesgos de un amor real, con sus defectos y compromisos. Es más fácil amar a un fantasma que enfrentar la realidad de quien tenemos al lado.
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Este día también nos ofrece una lección sobre la aceptación y el desapego. Aceptar que alguien no puede estar en nuestras vidas requiere madurez emocional y, sobre todo, honestidad con nosotros mismos. Es entender que el afecto no es sinónimo de posesión o presencia física. En ese sentido, mucha razón tenía el poeta cuando expresó: «Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido».
Recientemente, la distancia es algo que se ve recurrentemente en nuestro núcleo familiar, convirtiendo a la migración en un rostro habitual de los amores imposibles. Aunque la tecnología está para acercarnos, a veces solo funciona para recordarnos aquello que está fuera de nuestro alcance. Es ahí cuando la pantalla se convierte en el muro donde rebotan nuestros deseos.
De esta manera, el 16 de febrero es la oportunidad para agradecer a esas personas que, aunque no se quedaron, nos enseñaron de qué somos capaces de sentir. No se trata de glorificar el sufrimiento, sino de reconocer que nuestra capacidad de amar de una manera tan sublime es el gran triunfo de nuestra humanidad.
Comprendamos que lo imposible trae consigo una enseñanza para el corazón de cada individuo. No necesitamos un final feliz para que el sentimiento haya tenido un valor real. Como dijo sabiamente Antoine de Saint-Exupéry: «Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante». Aunque tu rosa crezca hoy en otro jardín, su perfume sigue perteneciendo a tu historia.
EO// Redacción : Lennys fernández
