Con la llegada de la temporada, las cocinas monaguenses se encienden para preparar el cuajao, el plato más emblemático de la región que fusiona lo dulce, lo salado y la herencia colonial

El Cuajao Tesoro gastronómico que define nuestra identidad-. Para quienes desean recrear este manjar en casa, esta es la fórmula que ha pasado de generación en generación:
1. El Pescado (La Base): Se utiliza tradicionalmente raya o chucho, aunque el cazón es una alternativa común. El pescado se hierve, se limpia meticulosamente y se desmecha. Luego, se sofríe con abundante aliño: cebolla, ajo y el indispensable ají dulce oriental.
2. Los Complementos:
- Papas: Deben estar sancochadas y picadas en ruedas finas.
- Plátano maduro: Frito en tajadas (aporta el contraste dulce clave).
- Huevos: Batidos a punto de nieve (las claras primero, luego las yemas) para dar la estructura de «torta».
3. El Ensamblaje: En un caldero o bandeja previamente engrasada, se colocan capas en el siguiente orden: una base de huevo batido, una capa de papas, una de pescado, una de tajadas y, opcionalmente, una de aceitunas y pasitas. Se repite el proceso y se cubre con el resto del huevo.
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4. La Cocción: El cuajao se cocina a fuego lento (preferiblemente a fogón o en horno) hasta que el huevo cuaje y la superficie esté dorada y firme.
Para los habitantes de Maturín y sus alrededores, el cuajao no es solo comida; es un ritual familiar. «El secreto está en el ají dulce y en que el plátano esté bien maduro», comenta doña Carmen, cocinera local con más de 40 años de experiencia.
Este plato sigue siendo el protagonista indiscutible de las mesas monaguenses, manteniendo viva una tradición que se resiste a desaparecer y que cada año atrae a propios y extraños por su complejidad de sabores.
EO// con información recopilada de internet
Periodista: Lennys Fernández
