Considerada por los expertos como el mayor desastre de su tipo en la historia, despertó una profunda reflexión sobre el uso de la energía nuclear ese 26 de abril de 1986

A 40 años de Chernóbil .- Cuarenta años se están cumpliendo de la tragedia de Chernóbil. Ese 26 de abril de 1986, el mundo hizo una profunda reflexión sobre el impacto del uso de la energía nuclear.
Este 26 de abril, se cumplen 40 años desde que una nube radiactiva de mil metros de altura se elevara sobre la ciudad de Prípiat, marcando el inicio del mayor desastre nuclear de la historia.
Aunque la central de Chernóbil dejó de generar electricidad hace años, la planta permanece activa en labores de desintoxicación, enfrentando ahora el desafío de ser una zona de combate en el conflicto entre Rusia y Ucrania.
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La seguridad del lugar volvió a ser noticia mundial el pasado 14 de febrero de 2025, cuando un dron ruso impactó contra el «Nuevo Sarcófago Seguro» (El Arca). Si bien el Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA) confirmó que no hubo fugas radiactivas, el incidente reavivó los temores sobre los riesgos de mantener instalaciones nucleares en zonas de guerra.
La contención inicial del desastre fue posible gracias a unas 600.000 personas, conocidas como «liquidadores», entre los que se encontraba el ucraniano Oleksandr Zagorodny. Con apenas 30 años, Zagorodny transportó bomberos al reactor 4 durante el mes de septiembre de 1986, bajo la promesa de una estancia breve que terminó extendiéndose por falta de relevos.
«Nadie sabía que fuera tan peligroso. No nos informaron de los riesgos», relata Zagorodny, quien hoy vive en Buenos Aires. Su testimonio refleja la falta de transparencia de la época: de los 30 compañeros que partieron con él desde su empresa, solo tres permanecen con vida. Aunque la cifra oficial de la URSS mantiene solo 31 muertes inmediatas por radiación aguda, organismos como la OMS estiman que cientos de miles han fallecido en Europa debido a la exposición a largo plazo.
Contrario a la imagen de un desierto yermo, la zona de exclusión de 30 kilómetros se ha transformado en un refugio para la fauna. Germán Orizaola, profesor de la Universidad de Oviedo, destaca que el área posee actualmente la mayor población de lobos de Europa.
Según sus investigaciones, el 95% de la radiación inicial ha desaparecido, incluyendo el peligroso yodo radiactivo, aunque persisten elementos como el plutonio, cuya vida media es de 24.000 años.
Mientras Prípiat sigue siendo una ciudad fantasma, la cercana ciudad de Chernóbil albergaba a unas 2.000 personas —principalmente trabajadores de la central— antes del estallido de la guerra en 2022. Pese a esta «habitabilidad teórica», científicos como Orizaola defienden que el área debe permanecer como una zona de conservación y estudio, libre de actividad humana masiva.
Contrario a la imagen de un desierto yermo, la zona de exclusión de 30 kilómetros se ha transformado en un refugio para la fauna. Germán Orizaola, profesor de la Universidad de Oviedo, destaca que el área posee actualmente la mayor población de lobos de Europa.
Según sus investigaciones, el 95% de la radiación inicial ha desaparecido, incluyendo el peligroso yodo radiactivo, aunque persisten elementos como el plutonio, cuya vida media es de 24.000 años.
Mientras Prípiat sigue siendo una ciudad fantasma, la cercana ciudad de Chernóbil albergaba a unas 2.000 personas —principalmente trabajadores de la central— antes del estallido de la guerra en 2022. Pese a esta «habitabilidad teórica», científicos como Orizaola defienden que el área debe permanecer como una zona de conservación y estudio, libre de actividad humana masiva.
La vulnerabilidad de estas instalaciones quedó expuesta con la ocupación rusa en 2022, que provocó cortes de energía críticos para el enfriamiento del combustible. Francisco Castejón, del Consejo de Seguridad Nuclear de España, señala que la intención estratégica era el control del material radiactivo y la cercanía a Kiev. No obstante, advierte que la mayor preocupación actual reside en la central de Zaporiyia, la más grande de Europa, actualmente bajo control ruso.
En contraste con la dependencia nuclear de Ucrania (50%), países como España han optado por una transición energética diferente. Con siete reactores que aportan el 20% de su electricidad, España mantiene un plan de cierre programado que culminará en 2035, comenzando con Almaraz I en 2028, marcando el fin de una era para la energía atómica en la región.
EO// Con información de: El Universal
