Presencia no es solo estar físicamente, es estar disponible

Por qué un abrazo antes de salir lo cambia todo-. Siempre salimos de casa con la mente puesta en una reunión, en el tráfico que nos espera o en la lista interminable de pendientes. Asimismo, en medio de ese torbellino, es fácil ver las interrupciones como obstáculos, pero hay seres que van corriendo tras sus padres para pedirles un abrazo que nos recuerda que lo que nosotros llamamos «interrupción», para un hijo es necesidad vital.
Desde la perspectiva de la neuropsicología, ese abrazo no es solo una muestra de cariño; es una dosis instantánea de oxitocina y regulación emocional. Por lo tanto, cuando un hijo recibe ese contacto físico antes de una separación (aunque sea por unas horas), su cerebro recibe un mensaje claro: «Estás a salvo, eres importante y siempre volveré».
Esa seguridad es el combustible que les permite explorar el mundo, aprender y enfrentar sus propios retos diarios en la escuela o en la calle. Un hijo que se despide con el tanque emocional lleno es un hijo con mayor resiliencia.
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Presencia no es solo estar físicamente, es estar disponible.
No sabemos qué retos enfrentará ese muchacho o esa muchacha durante el día, ni qué tan pesado será el trabajo para ese padre o esa madre, pero ambos se llevan consigo un escudo invisible contra el estrés: la certeza de que son amados.
La próxima vez que escuches un «¡Papá!» o «¡Mamá!» desde la puerta, no veas un retraso. Ve una oportunidad de nutrir un cerebro, calmar un corazón y, de paso, recordarte a ti mismo por qué haces todo lo que haces.
Al final del día, nadie recuerda si llegaste cinco minutos tarde, pero un hijo jamás olvida el abrazo que lo hizo sentir el centro del universo.
EO// Redacción: Victor Rojas
