Miremos hacia el futuro con la convicción de que la verdad histórica terminará prevaleciendo

60 AÑOS DE UNA RECLAMACIÓN HISTÓRICA-. Hoy, al conmemorarse 60 años del Acuerdo de Ginebra, el deber es reflexionar sobre nuestra soberanía. Este documento de 1966 no es solo un papel; es la respuesta legal de Venezuela frente a un despojo que tuvo lugar a finales del siglo XIX.
Es imposible hablar de este tema sin recordar la famosa Doctrina Monroe y su lema «América para los americanos». Aunque en teoría buscaba evitar la intervención europea, la historia nos enseñó que, en la práctica, muchas veces sirvió para que otros decidieran por nosotros. En el caso del Laudo de 1899, vimos cómo esa máxima se distorsionó, permitiendo que potencias jugaran con nuestro territorio, ignorando la voluntad y el derecho de los venezolanos.
El Acuerdo de Ginebra fue el mecanismo que finalmente nos permitió sacudirnos esa sombra de intervención y reclamar justicia. A diferencia de las imposiciones del pasado, este tratado reconoce que existe una controversia y nos devuelve el protagonismo en la negociación.
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Hoy más que nunca debemos estar alerta frente a quienes intentan revivir estas prácticas bajo nuevas etiquetas. Recordando que el lema de Monroe puede ser usado para disfrazar nuevas formas de explotación. La posición debe ser firme: no necesitamos tutelajes extranjeros, sino el respeto estricto a lo pactado entre iguales en 1966.
El compromiso es usar las palabras para recordar que el Esequibo no es una zona en reclamación por capricho, sino por derecho histórico. No podemos permitir que la narrativa de «América para los americanos» se convierta hoy en «los recursos de América para las corporaciones», olvidando nuestra integridad territorial.
Este aniversario debe unirnos en una reflexión profunda sobre nuestra identidad. El mapa de Venezuela está incompleto sin el Esequibo, y nuestra historia está incompleta si permitimos que otros dicten nuestro destino. Conmemorar estos 60 años es un ejercicio de soberanía; es rechazar cualquier intento de arbitraje que no pase por la solución práctica y satisfactoria que Ginebra exige y que Venezuela merece.
No se trata de una lucha agresiva, sino de una resistencia ética contra quienes pretenden ignorar los tratados internacionales que ellos mismos firmaron cuando les convenía.Como hemos escuchado siempre: «El sol de Venezuela nace en el Esequibo», y el Acuerdo de Ginebra es el único faro legítimo que reconoce que ese sol fue ocultado mediante un fraude.
EO// Periodista: Lennys fernández
