|

Que el miedo no domine nuestras vidas

Para algunos, una habitacion cerrada, para otros, un insecto, o las multitudes. El miedo nos protege, pero la fobia nos limitas
Cuando el miedo nos domina: Más que un simple susto

Que el miedo no domine nuestras vidas-. Todos hemos sentido miedo alguna vez, esa sensación en el pecho cuando algo malo parece que va a pasar. Pero hay miedos que son diferentes, que se escapan de nuestro control y no nos dejan vivir tranquilos. No hace falta ser un experto para darse cuenta de que cuando una persona entra en pánico por algo que para otros es inofensivo, está pasando por un proceso que va mucho más allá de un simple ser cobarde.

​A veces, vemos a personas que no pueden ni mirar una foto de un sapo, o que se paralizan por completo si tienen que subir a un piso alto. Para quien lo ve desde afuera, puede parecer exagerado o incluso dar risa, pero para el que lo vive es una tortura. El corazón se acelera, falta el aire y el cuerpo reacciona como si tuviera un peligro de muerte enfrente, aunque solo sea un pequeño insecto o un espacio un poco cerrado.

 Hay personas que dejan de ir a reuniones sociales o que no entran a ciertos locales porque se sienten atrapadas.  El miedo a hablar frente a los demás es de los más comunes; esa angustia de que se nos olvide todo o de que nos juzguen puede llegar a frenar carreras enteras si no aprendemos a manejarla.

​ A veces es por algo feo que nos pasó de niños, o quizás porque vimos a nuestros padres reaccionar así ante algo. Lo cierto es que el cerebro parece quedarse con ese recuerdo “pegado” y nos hace reaccionar de la misma forma una y otra vez. No es algo que se cure de la noche a mañana con solo decir “échale ganas”, porque es una reacción que no se controla con la lógica.

Leer má: ​Maturín: Entre la expresión artística y el respeto a lo ajeno

​Desesperación es la que siente una persona cuando su miedo se dispara. Es un sentimiento de desprotección total donde el mundo se siente pequeño y peligroso.

​Hoy en día han aparecido miedos nuevos que antes no existían. Ahora vemos a mucha gente que entra en crisis si se queda sin batería en el teléfono o si lo deja olvidado en casa. Estamos tan conectados que el simple hecho de estar ¨ desconectados nos genera una ansiedad que antes no conocíamos. Esto nos demuestra que el miedo siempre busca algo nuevo de qué agarrarse en nuestra vida moderna.

​Creo que lo más importante es tener paciencia y respeto, tanto con nosotros mismos como con los demás. No se trata de ser valientes todo el tiempo, sino de entender que esos miedos son barreras que se pueden ir rompiendo poco a poco. Con apoyo, comprensión y quizás un poco de ayuda, podemos lograr que el miedo deje de ser el que maneje nuestras vidas y volver a caminar con libertad por donde queramos.

 EO// redacción: Lennys Fernández