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Conoce los límites de la solidaridad para no agotarte

El cambio real solo surge de una motivación que debe nacer de lo más profundo de nosotros mismos
Conoce los límites de la solidaridad para no agotarte

Conoce los límites de la solidaridad para no agotarte-.La voluntad de ayudar es una de las virtudes más nobles, pero tiene un límite: la disposición del otro para recibirla. Insistir en rescatar a quien no desea ser rescatado no solo es una tarea inútil, sino que se convierte en un acto de soberbia donde creemos saber qué es lo mejor para alguien que ya ha elegido su propio camino.

Incluso en las escrituras, antes de realizar un milagro, Jesús le hace una pregunta fundamental a un hombre que llevaba décadas enfermo: «¿Quieres ser sano?». Esta interrogante no es superficial; es el reconocimiento de que la sanación y el cambio requieren, primero, el consentimiento y el deseo genuino del individuo. Sin ese sí interno, cualquier esfuerzo externo es estéril.

El primer obstáculo de ignorar esto es el desgaste emocional. Cuando volcamos energía en alguien que rechaza toda solución, experimentamos un cansancio crónico. Este agotamiento no proviene del esfuerzo realizado, sino de la frustración de ver cómo cada salvavidas lanzado es ignorado por quien prefiere hundirse hasta que el fondo sea su lugar de morada.

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Existe también el riesgo de caer en la codependencia. Al intentar resolver los problemas de quien no quiere cambiar, les arrebatamos su responsabilidad individual. Si siempre estamos ahí para recoger los pedazos, el otro nunca sentirá la necesidad de dejar de romper las cosas. La ayuda mal gestionada puede convertirse en el combustible que alimenta el estancamiento ajeno.

Nadie puede cruzar una puerta que solo se abre desde adentro. Por mucho que nos duela ver a un ser querido sufrir, forzar una ayuda no solicitada suele generar resistencia y resentimientoEs fundamental entender que dejar de ayudar no es dejar de querer. A veces, el acto de amor más profundo es dar un paso atrás y permitir que la persona enfrente las consecuencias de sus actos. Es en ese vacío donde muchos encuentran, finalmente, la fuerza necesaria para buscar una transformación consciente.

Establecer este límite protege nuestra propia salud mental y espiritual. No podemos ser el soporte de quien se empeña en caer; hacerlo solo garantiza que terminaremos en el suelo junto a ellos. Aprender a retirarse es una lección de humildad que reconoce que no somos los salvadores de nadie, sino compañeros de camino que esperan a que el otro esté listo para caminar.

EO// Redacción: Lennys Fernández