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El mito del “después”: Lo que la muerte nos enseña sobre vivir de verdad

En los pasillos fríos de una morgue, se entiende que lo más impactante no es la tragedia o el evento fortuito. Lo que realmente eriza la piel es observar los restos de una normalidad interrumpida
El mito del “después”: Lo que la muerte nos enseña sobre vivir de verdad

El mito del “después”: Lo que la muerte nos enseña sobre vivir de verdad-. Solemos ir por la vida como si tuviéramos un contrato de eternidad firmado. Postergando palabras, abrazos y decisiones bajo la falsa suposición de que siempre habrá un “mañana”. Sin embargo, la sabiduría no está en ignorar el final, sino en usar su certeza para entender que el presente es el único espacio donde la felicidad es posible.

Todavía no terminamos de entender el concepto de tiempo, lo tratamos como un recurso acumulable cuando realmente es como una vela que se consume en silencio. Creemos que somos dueños de nuestras horas, pero la realidad nos demuestra que el final llega en medio de un día cualquiera, sin pedir permiso y sin respetar agendas. Es ahí donde se comprende que entre vivir y morir no hay nada más que un tiempo incierto que a menudo desperdiciamos con arrogancia.

Pasamos la existencia atrapados en nuestro propio ego, invirtiendo energía en odiar, pelear o sostener un estrés que mañana no tendrá ninguna importancia. Nos obsesionamos con el éxito futuro mientras ignoramos que la oportunidad de ser felices no es una meta a la que se llega, sino un estado que se elige en este preciso instante. Vivir alegres no es una opción de lujo, es la respuesta lógica ante la fragilidad de nuestra propia existencia.

Las cosas hay que decirlas, no guardarlas bajo la alfombra de la timidez o el orgullo. Un «te amo “, un “gracias” o un “perdón” pierden todo su valor cuando se quedan atrapados en la garganta de quien ya no puede hablar. Guardar las emociones es una forma de sabotearse, un riesgo donde el premio es el arrepentimiento.

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Lo que verdaderamente asombra no es el daño fisiológico que acarrea la muerte, sino ver vidas normales llenas de planes sin concluir. Es el contraste de personas, llenas de vitalidad que apenas un segundo antes, creyeron tener todo el tiempo del mundo a su disposición. Esa confianza excesiva es la que nos hace olvidar que somos inquilinos temporales en nuestra propia historia.

No tenemos que enfrentarnos a una tragedia para despertar de este adormecimiento emocional. La conciencia de nuestra mortalidad debería ser el motor que nos impulse a buscar algo que nos brinde felicidad, en lugar de esperar a que todo sea perfecto. La perfección no existe y nos mantiene estáticos, mientras la vida sigue su curso sin detenerse a esperarnos.

La gran lección es tan cruel como liberadora, lo único que no vuelve es el tiempo, el tiempo es hoy. No permitas que tu historia se resuma en mensajes sin enviar o en citas agendadas que otros tendrán que cancelar por ti. Elige hoy la paz por encima del conflicto, la expresión por encima del silencio y la vida por encima de la simple existencia, porque el mañana es solo una promesa que no esta garantizada.

EO// Redaccion: Lennys Fernández