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Onicofagia: mucho más que el simple hábito de morderse las uñas

Morderse las uñas esconde detrás cuadros de ansiedad y estrés que requieren atención profesional
Onicofagia: mucho más que el simple hábito de morderse las uñas

Onicofagia: mucho más que el simple hábito de morderse las uñas-. Esta practica es frecuente en la infancia y la adolescencia. Sin embargo, cuando esta acción se vuelve incontrolable, la psicología la define como onicofagia. Este comportamiento puede escalar hasta ser considerado un trastorno del control de los impulsos o una variante del espectro obsesivo compulsivo.

El término proviene del griego onyx (uña) y phagein (comer). No se limita solo a la lámina ungueal, sino que incluye el acto de mordisquear las cutículas. Aunque a veces es una conducta temporal, en ocasiones se transforma en un problema crónico que requiere atención de especialistas.

Esta patología genera daños visibles en los tejidos que rodean el dedo. Más allá de lo estético, produce un malestar clínico profundo en quien lo padece. En adultos, es común que aparezcan sentimientos de culpa, vergüenza e incluso estigmatización social debido al aspecto de sus manos.

Las causas exactas de este fenómeno aún no son definitivas para la ciencia. No obstante, se vincula directamente con altos niveles de ansiedad, nerviosismo y estrés acumulado. Para muchos, este hábito funciona como un mecanismo inconsciente para intentar reducir la tensión emocional o la agresividad.

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También existe un fuerte componente de aprendizaje por observación o condicionamiento vicario. Los niños suelen imitar esta conducta si la ven en sus padres o cuidadores principales. Situaciones de duelo o cambios bruscos en el entorno familiar también pueden disparar esta respuesta compulsiva.

En cuanto a las soluciones, la más accesible es el uso de esmaltes amargos. Estos productos químicos, como el benzoato de denatonio, buscan generar rechazo inmediato mediante el gusto. Es una herramienta sencilla que intenta frenar el impulso a través de un estímulo desagradable.

Otra vía eficaz es la terapia conductual, específicamente la técnica de inversión del hábito. Este método entrena al paciente para que sea consciente de su conducta y la reemplace por una acción constructiva. Incluye ejercicios de relajación y un monitoreo constante del comportamiento diario.

Existen alternativas adicionales como el control de estímulos o el uso de recordatorios físicos. Aunque se han realizado pruebas con fármacos como la n-acetilcisteína, la evidencia sobre su éxito todavía es limitada. Por ello, la intervención psicológica sigue siendo el pilar fundamental para superar este trastorno.

EO// Con información recopilada de la red

Periodista: Lennys Fernández