Ahora que el tiempo ha invertido los roles, la responsabilidad de velar por ellos no debe entenderse como una carga pesada o una obligación impuesta, sino como la oportunidad de cerrar con amor el ciclo natural de la vida

Cuando es nuestro turno de cuidar a quien nos guio para forjar nuestra identidad-. El cuidado de los padres en la vejez representa uno de los actos de gratitud más profundos y significativos que un ser humano puede ejercer. Durante gran parte de nuestra vida, ellos fueron el cimiento sobre el cual construimos nuestra identidad, sacrificando sus propios deseos, su descanso y, en muchas ocasiones, su bienestar personal para garantizarnos un futuro lleno de oportunidades.
Convertirnos en adultos responsables no fue un proceso azaroso, sino el fruto directo de su entrega incondicional, de sus consejos constantes y de ese esfuerzo silencioso que a menudo solo logramos dimensionar cuando alcanzamos nuestra propia madurez.
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Ahora que el tiempo ha invertido los roles, la responsabilidad de velar por ellos no debe entenderse como una carga pesada o una obligación impuesta, sino como la oportunidad de cerrar con amor el ciclo natural de la vida. Cuidar de su salud, acompañar su soledad y proteger su dignidad es la forma más honesta de devolverles una parte de todo lo que invirtieron en nosotros.
En cada gesto de paciencia ante sus olvidos o en cada mano que les brindamos para caminar, estamos honrando el legado de cuidado que ellos mismos sembraron. Es el momento de convertirnos en el refugio que ellos fueron una vez, demostrando que su sacrificio no fue en vano y que el amor es capaz de sostener con ternura a quienes nos dieron la vida.
EO/// Redacción de: Heidi Campos
