Aunque festejar, podría considerarse un acto de salud mental también lo es la sensación de tranquilidad, de seguridad y estabilidad

Que la fiesta sea solo una herramienta para conectar con los demás-. A veces parece una contradicción: ¿Cómo podemos pensar en fiestas cuando el entorno es tan complejo? Como venezolanos llevamos la celebración casi impresa en el código genético, pero hoy esa alegría debe pasar por el filtro de la madurez y la responsabilidad.
En medio de la presión diaria un abrazo o un café compartido son refugios necesarios para no desmoronarnos emocionalmente, pero nuestra cultura nos ha enseñado que la risa y celebración, son una herramienta de supervivencia y negarla sería apagar nuestra esencia.
Sin embargo, nuestro entusiasmo siempre debe caminar junto a la prudencia. No debemos vivir en una celebración desmedida que ignora la realidad o que pone en riesgo nuestra estabilidad.
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Exponernos ante el peligro no debería ser una opción, la vida no se consigue en los árboles, la seguridad de nuestros seres queridos no tiene precio, nuestra ética y principios no se puede esconder debajo de la alfombra. Celebro, sí, pero con los pies en la tierra, porque así es la resiliencia, nos hace sonreír en medio de la catástrofe, pero más allá de eso, nos permite construir refugios seguros donde esas sonrisas se afiancen.
Es necesario, darle prioridad al bienestar de los nuestro antes de las apariencias. De igual forma plantearnos que el festejo debe ser un alivio emocional, no una máscara para evadir los problemas.
La consigna debe llamar a festejar, claro que si, celebrar la vida, honrarla, resguardarla y una manera de hacerlo puede ser, manteniendo la paz.
Importante es entender que la fiesta real nos permite conectar con los demás.
EO// Redacción: Lennys Fernández
