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Pedir ayuda ¿Por qué nos cuesta tanto?

La confianza en las personas nos limita, no siempre sabemos en quién podemos apoyarnos, y en un mundo donde la competencia y la desconfianza son comunes
Pedir ayuda ¿Por qué nos cuesta tanto?

Pedir ayuda ¿Por qué nos cuesta tanto?-. Pedir ayuda es una de las acciones más humanas y necesarias que existen, pero paradójicamente, también es una de las más difíciles para muchas personas.

En una sociedad que valora la autosuficiencia y la fortaleza individual, admitir que no podemos con todo suele percibirse como un signo de debilidad. Desde pequeños se nos enseña a resolver solos, a no molestar, a ser fuertes, y ese aprendizaje se convierte en una barrera emocional cuando realmente necesitamos apoyo.

A esto se suma el miedo al juicio: tememos ser vistos como incapaces, como una carga, o simplemente ser rechazados. Esa ansiedad social nos lleva a callar, a fingir que todo está bien, incluso cuando por dentro nos sentimos desbordados.

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También está el orgullo, ese impulso que nos hace creer que pedir ayuda es perder el control o ceder terreno. Pero en realidad, reconocer nuestras limitaciones y abrirnos a los demás es un acto de valentía.

La confianza en las personas nos limita, no siempre sabemos en quién podemos apoyarnos, y en un mundo donde la competencia y la desconfianza son comunes, mostrarse vulnerable puede parecer un riesgo.

Sin embargo, pedir ayuda no solo es necesario, es también una forma de conexión. Nos recuerda que no estamos solos, que somos parte de una comunidad, y que así como podemos dar, también tenemos derecho a recibir.

Se una buena persona cuando te piden ayuda, si no puedes ofrecer lo que te están pidiendo también puedes ayudar a conseguir eso que la otra persona necesita. Pedir ayuda no nos hace menos fuertes; nos hace más humanos.

EO/// Redacción de: Heidi Campos