La invitación es a amar al prójimo

Nos hemos acostumbrado a observar en las calles a personas sin hogar, convirtiéndolos casi en parte del mobiliario urbano. Nos hacemos los ciegos, pero lo peor es hacernos los mudos y hacernos «los locos»
La invitación es a amar al prójimo

La invitación es a amar al prójimo. Que quede claro que ahí están; nunca por falta de Dios, él nunca los abandona, pero siempre por falta de humanidad o por abundancia de miseria humana.

Estamos en la era de la indiferencia. Corremos, nos aislamos y no dejamos de pensar en lo que queremos, en lo que nos desagrada, en lo que necesitamos; vamos corriendo, mirando, sin ver, sin divisar a nuestro alrededor las carencias, las heridas, el dolor de los demás.

Pero,  ellos están allí, frente a nosotros. Ahí viven, nos observan, sufren, se enferman, lloran, gritan y se esfuman con el viento hacia la eternidad. A veces por falta de cordura o por falta de amor propio; algunos simplemente desistieron de la vida por dolor, algunos hasta nacieron allí.

Y aunque es muy fácil culpar al sistema, nuestra crítica debe ir más allá: ¿Qué estamos haciendo como sociedad? ¿Qué hacemos como entes? ¿Cuándo voy a abrir los ojos y empezar a mirar lo que me niego a ver, el dolor ajeno?

Leer más: Un ataque directo a los pulmones: ¡No quemas la basura!

La invitación es a amar al prójimo, a tener empatía, solidaridad y generosidad; a dejar de ver a las personas en situación de calle como parte del paisaje y empezar a ver a la madre, al padre, al hijo, al ser humano que camina sin ir a ningún lado.

Seamos la voz de los que no la tienen. Tal vez a ellos en algún lado alguien los espera o tal vez no, pero de seguro,  ellos sí esperan por alguien: por un auxilio, por un aliento, por una palabra, por una mano amiga.

EO// Redacción: Lennys Fernández