Este estudio, aunque limitado en su alcance causal, ofrece un panorama prometedor

Cuál es la mejor dieta para lograr un sueño prolongado y de calidad-. Un análisis de datos de casi cinco mil personas reveló que dormir mejor podría depender, en parte, de lo que se come. Investigadores de la Universidad de Tsukuba, en Japón, identificaron vínculos claros entre los tipos de alimentos ingeridos y parámetros del sueño como su duración, la facilidad para conciliarlo y la frecuencia con que se interrumpe durante la noche.
El estudio, publicado en el Journal of Medical Internet Research, se basó en información proporcionada por 4.825 usuarios de dos aplicaciones móviles —Pokémon Sleep y Asken—, utilizadas para monitorizar el sueño y la dieta, respectivamente.
Los datos, obtenidos durante un mínimo de siete días consecutivos de uso, permitieron establecer asociaciones entre distintos macronutrientes y la calidad del descanso. Entre los hallazgos más destacados, los investigadores señalan que una mayor ingesta de proteínas y fibra dietética se relacionó con un tiempo total de sueño (TST, por sus siglas en inglés) más prolongado. En contraste, una dieta rica en grasas o con una alta proporción de sodio respecto al potasio mostró efectos negativos, reduciendo las horas dormidas y aumentando los despertares nocturnos.
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Los datos detallados del estudio revelan patrones cuantificables. Las personas que estaban en el tercer y cuarto cuartil de consumo de proteínas mostraron incrementos medios en el TST de +0,17 y +0,18 horas respectivamente, en comparación con el grupo de menor consumo. En cambio, quienes consumían más grasas presentaron una reducción significativa del TST: –0,11 y –0,16 horas en los mismos cuartiles superiores.
La fibra dietética mostró beneficios consistentes: además de asociarse con un mayor tiempo total de sueño, se relacionó con una menor latencia del sueño (SL, es decir, tiempo en quedarse dormido) y un menor porcentaje de vigilia tras el inicio del sueño (%WASO). Quienes incluían más fibra en su dieta no solo dormían más, sino que lo hacían más profundamente.
Otros nutrientes también revelaron efectos diferenciados. Un mayor consumo de carbohidratos se asoció con una disminución del %WASO —es decir, menos interrupciones del sueño—, mientras que las grasas monoinsaturadas aumentaron la latencia del sueño (+4,6 minutos) y el WASO (+2,2 %), indicadores de menor eficiencia. Por otro lado, las grasas poliinsaturadas mostraron una mejora relativa: aunque acortaron el TST (–0,22 h), redujeron la latencia y el WASO.
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La proporción sodio/potasio fue otra variable clave: niveles altos de sodio en relación con el potasio se relacionaron con peor calidad del sueño en todos los parámetros medidos, incluyendo menor TST (–0,19 h en el cuartil más alto), más minutos para conciliar el sueño y mayor frecuencia de vigilia nocturna.
EO//Con información de: Globovisión
