El resultado es un recorrido por las ideas equivocadas que sobreviven en torno a la dieta, la salud y los alimentos

Conoce algunos mitos más persistentes sobre nutrición que la ciencia ya desmintió-. Las creencias erróneas acerca de la alimentación se propagan con facilidad y, pese al avance de la investigación científica, muchas persisten en la cultura popular. A menudo, frases comunes como “todo lo fresco es mejor” o “las grasas deben evitarse a toda costa” surgen en conversaciones cotidianas y redes sociales sin fundamento real.
Las frutas y verduras frescas siempre son más saludables que las enlatadas, congeladas o deshidratadas: En torno al consumo de frutas y verduras, una creencia muy extendida es que únicamente las versiones frescas aportan verdaderos beneficios a la salud. No obstante, investigaciones recientes han demostrado que los productos enlatados, congelados o secos pueden mantener un perfil nutricional similar al de sus pares frescos.
Toda la grasa es mala: La gordura en la alimentación ha sido objeto de polémica por décadas, en parte por estudios a mediados del siglo pasado que asociaban dietas altas en grasas con niveles elevados de colesterol. El consenso de aquella época llevó a considerar que una reducción general en el consumo de grasa ayudaría a prevenir enfermedades cardiovasculares y obesidad.
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Sin embargo, Vijaya Surampudi, de la Universidad de California en Los Ángeles, señala que el reemplazo masivo de grasas por carbohidratos refinados acentuó el problema del sobrepeso en lugar de mitigarlo. La evidencia actual diferencia claramente entre grasas perjudiciales —saturadas y trans— y las beneficiosas, presentes en aceites vegetales, aguacates, nueces, semillas y pescado.
Las personas con diabetes tipo 2 no deben comer frutas: La restricción del consumo de frutas entre pacientes con diabetes tipo 2 se deriva, en parte, de la confusión con los efectos de los jugos de frutas azucarados y bajos en fibra. Diversos estudios muestran que las frutas enteras, en especial arándanos, uvas y manzanas, no solo no elevan el riesgo de diabetes, sino que contribuyen a su prevención y manejo.
La leche vegetal es más saludable que la leche de vaca: Actualmente, se ha generado la percepción de que las bebidas vegetales —hechas de avena, almendras, arroz o cáñamo— superan nutricionalmente a la leche de vaca. Sin embargo, según Kathleen Merrigan, profesora de sistemas alimentarios sostenibles en la Universidad Estatal de Arizona, estas alternativas suelen aportar menos proteínas por porción y frecuentemente incorporan sodio, azúcares y otros aditivos.
Una taza promedio de leche de vaca tiene ocho gramos de proteína, mientras la de almendra ronda uno o dos gramos y la de avena alcanza dos o tres gramos. A la hora de elegir, el valor proteico y la calidad de los ingredientes marcan una diferencia sustancial.
EO//Con información de: Mejor con Salud
